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Myconativa: Un ejemplo de éxito de la rentabilidad de la ciencia en Chile.

● Fue creada por Paula Aguilera Ñonquepan, agrónoma y Doctora en Ciencias de Recursos Naturales de la U. de La Frontera. Desarrolló bioproductos a partir de hongos nativos como una solución ante el agotamiento de los suelos, el cambio climático y la crisis alimentaria.

● Recientemente, gracias a la vinculación de HubTec Chile, firmó un importante acuerdo con Viña Concha y Toro que permitirá que los viñedos puedan crecer mejor, alargando su tiempo productivo hasta 30 años, potenciando aún más al país como líder en el sector vitivinícola.

La crisis climática mundial y la escasez hídrica que afecta a Chile por más de una década presentan nuevos desafíos para la agricultura, donde se deben tomar rápidas acciones de mitigación y adaptación en el escenario actual, fundamentales para mantener el rendimiento de los cultivos, conservar los suelos sanos, disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y cumplir con los estándares internacionales de exportación. ¿Cómo la ciencia nacional puede entregar soluciones para que la industria agrícola sea más sustentable? ¿Son las investigaciones científicas rentables?

Con este propósito fue creada Myconativa “desde la ciencia hacia la innovación” como dice su slogan. Una investigación que nació en 1985 en la Universidad de la Fontera, en Temuco. Creada por Paula Aguilera Ñonquepan, agrónoma y Doctora en Ciencias de Recursos Naturales, quien con su equipo desarrolló bioproductos a partir de micorrizas, cepas de hongos que ayudan a las plantas a absorber más agua y mayor cantidad de nutrientes, favoreciendo a su crecimiento. Hoy es un emprendimiento que busca optimizar la nutrición de los cultivos, generando soluciones biotecnológicas y transfiriendo conocimiento científico a la agricultura.

“Las micorrizas favorecen el uso eficiente de fertilizantes en cuánto a la reducción de estos y de sus químicos. Además, mejora la microbiota natural del suelo, haciendo de procesos productivos más sustentables. Viene a ayudar a la planta en una simbiosis para que tome más agua y nutrientes, disminuyendo los componentes fitotóxicos que relantizan el crecimiento”, afirma Paula Aguilera. En Chile existen 57 especies nativas de micorrizas que se han investigado y reportado en la literatura científica.

Recientemente Myconativa firmó un importante convenio con Viña Concha y Toro que permitirá utilizar sus biofertilizantes en sus viñedos, generando una mayor productividad y longevidad en las plantas hasta los 30 años (actualmente duran 25 años). Esta alianza se logró gracias a la gestión de HubTec Chile, institución que trabaja para hacer “match” entre investigaciones nacionales y empresas chilenas y/o extranjeras.

Al respecto Ignacio Merino, Director de HubTec Chile afirma que “uno de los aspectos relevantes a considerar, es que la transferencia de conocimiento es un proceso complejo que requiere abordar múltiples talentos y dimensiones en forma sincronizada y colaborativa. Sin duda la ciencia puede diversificar nuestra economía, mejorar la calidad de vida de las personas y cuidar el medio ambiente. Para ello estamos articulado varias relaciones virtuosas entre la academia y las empresas para promover el I+D+i a nivel nacional, pero con miras a sacar los emprendimientos hacia el mundo. Es el caso de Myconativa.com”.

En esa senda, la alianza entre Myconativa y la viña es desarrollar una “planta 2.0”, es decir libres de enfermedades que sean capaces de defenderse en las condiciones de campo. Por lo que el refuerzo biológico de las micorrizas puede ser una especie de vacuna que induzca la defensa de la planta. Además, estos bioproductos ayudan a cumplir las exigencias de los mercados internacionales, especialmente en la Unión Europea donde piden una disminución de entre un 40% y 50% de los residuos químicos en los vinos.

Por su parte, Felipe Gainza, Líder en investigación, desarrollo e innovación de Viña de Concha y Toro, señala que “los privados deben atreverse a hacer I+D+i en la búsqueda de soluciones tecnologías de problemas productivos, comprendiendo que la ciencia nacional debe tomar mayor protagonismo para acelerar los avances tecnológicos, ayudando así a generar impacto en la sociedad con el desarrollo de nuevas soluciones”.

Esta relación virtuosa entre ciencia y empresas chilenas es un ejemplo de cómo el ecosistema de innovación es clave para el desarrollo de la industria agrícola y frente al desafío de la producción sustentable de alimentos.

Micorrizas para uso domiciliario

Los huertos urbanos o educativos se han transformado en una importante alternativa en período de pandemia por Covid-19, donde las familias chilenas pueden generar sus propias hortalizas, apostando por la sustentabilidad y el ahorro económico. Myconativa.com identificó esta necesidad y creó un biofertilizante para huertos urbanos y plantas de interior llamado “Imogen Nativa”.

Al respecto, Paula Aguilera señala que “cuando vas al supermercado y te comes un tomate o una frambuesa te estás comiendo un producto que no te imaginas todas las bacterias que tuvieron que pasar por esa planta para llegar a un producto de calidad”. Y esos alimentos también se pueden cultivar en la casa: “Mi hobby es la huerta y las flores, entonces ir viendo como eso también se trasformó en una terapia para muchas personas fue fantástico. Es maravilloso tener un producto que te sirva y que veas que cuando le colocas micorrizas crece más bonito y tiene más aroma”.

Actualmente los biofertilizantes se han vendido para 400 hectáreas en 30 ciudades del país, desde Coquimbo a Chile Chico, para mejorar las plantaciones de frutillas, tomates, avellano europeo, uva de mesa, cerezos, arándanos y mandarinas. Además, están realizando proyectos científicos con el Centro de Fruticultura de Rengo, el Centro CERES de Quillota, en el fundo Santa Laura en Coihueco, en Chillán hacia la precordillera, y en Talca con Viña Concha y Toro.

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