Salud

Salud mental, la pandemia antes (durante y después) de la pandemia Diego Vidal Jefe de carrera de Terapia Ocupacional UST en Valdivia

Desde el 1 de octubre de este año podemos usar mascarillas de forma voluntaria en la gran mayoría de los contextos en que nos desenvolvemos. Esta situación nos ha entregado una relativa sensación de libertad y alivio, y la idea de que si bien la pandemia por COVID-19 aún no ha terminado, lentamente está quedando atrás.

Los contextos de confinamiento afectaron a millones de personas en todo el mundo producto de profundas alteraciones en sus hábitos, rutinas, cambios en los roles familiares y las múltiples demandas simultáneas a nivel laboral, doméstico y de cuidados a niños y personas con discapacidad (esta situación afectó principalmente a las mujeres).

Una vez concluidas gran parte de las medidas sanitarias de emergencia, hemos tenido que volver a readaptarnos a la vida previa a la pandemia, pero esta vez, visibilizando las significativas heridas a la salud mental que nos ha dejado el COVID-19. Si bien existían previamente, hoy se hace más evidente la sensación de soledad, la aparente e ilusoria compañía de las redes sociales, el desafío de organizarse en un mundo demandante y competitivo, las dificultades de algunas personas frente al uso de la tecnología, la ansiedad y el miedo frente a la incertidumbre, lo que ha aumentado de manera importante muchos cuadros de salud mental. La depresión, los trastornos ansiosos, los trastornos por uso de sustancias, los intentos de suicidio (especialmente en jóvenes), nos recuerdan que antes de la pandemia existía (y sigue existiendo) otra pandemia, la cual corresponde a las problemáticas derivadas de la salud mental.

Dentro de este contexto son importantes los esfuerzos que realizan instituciones tanto públicas como privadas en el abordaje de esta situación. El aumento de recursos destinados para promoción, prevención, tratamiento y rehabilitación en salud mental son claves.

Como personas también podemos aportar. La eliminación de los estigmas asociados a la salud mental y creación de una cultura colaborativa, empática y asertiva, que cultive relaciones humanas saludables, es muy importante. Debemos considerar espacios personales, familiares y comunitarios que promuevan no solo el logro de objetivos productivos, sino que también consideren nuestra calidad vida y bienestar colectivo.

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